Ya no me siento triste o ansioso, pero tampoco feliz
Una de las ideas tradicionales más arraigadas en nuestra sociedad que viene del modelo médico es el de “cura”. Esto se traslada inevitablemente a la psicología y durante décadas, la psicología se centró casi exclusivamente en la «reparación»: cómo arreglar lo que está roto, cómo gestionar la ansiedad o cómo mitigar la depresión. Y sin lugar a dudas es un trabajo fundamental. Aprender a navegar por las emociones negativas es como aprender a apagar incendios o reparar las grietas de una casa. Sin embargo, una vez que el incendio se ha extinguido, ¿ahora qué?
Se suele creer erróneamente que si yo regulo y reduzco ese malestar automáticamente me voy a sentir “bien”, voy a encontrar esa felicidad o bienestar que todos buscamos o que la sociedad te indica que hay que aspirar. Pero la realidad es, que tan importante es gestionar las emociones negativas como cultivar las positivas. Porque cuando se gestiona el malestar, se siente alivio, no bienestar.
Por ello, parte del proceso natural en terapia es poder cultivar las emociones positivas o agradables.
La Teoría de «Ampliación y Construcción»
La psicóloga Barbara Fredrickson, pionera en este campo, propone que las emociones positivas tienen una función evolutiva distinta a las negativas. Mientras que el miedo o la ira estrechan nuestro foco de atención para responder a una amenaza (lucha o huida), las emociones positivas como la curiosidad o la alegría amplían nuestro repertorio de pensamiento y acción.
¿De qué manera? Cuando generamos emociones positivas somos más creativos y tenemos mayor apertura a la experiencia, lo que hace que mejoren los vínculos que nos rodean y estemos más en sintonía con nuestras tareas diarias. Cuando eso se mantiene en el tiempo, realmente habremos construido todo un arsenal de herramientas y de base solida para afrontar los imprevistos o momentos difíciles que puedan venir.
- Resiliencia Psicológica
Las personas que cultivan la gratitud o el optimismo no son inmunes al sufrimiento. Sin embargo, tienen una mayor capacidad de recuperación. Las emociones positivas actúan como un amortiguador; permiten que el sistema nervioso se recupere más rápido del estrés acumulado por las emociones negativas previas.
- Salud Física
Existe una conexión innegable entre el estado de ánimo y el sistema inmunitario. El optimismo y la serenidad reducen los niveles de cortisol y mejoran la salud cardiovascular. No se trata de «pensar positivo para curarse», sino de crear un entorno biológico que favorezca la longevidad.
- Aumento de conexión en los vínculos
Las emociones negativas tienden a aislarnos. Por el contrario, la vulnerabilidad compartida desde la alegría o la inspiración fortalece los lazos sociales. Cultivar el aprecio por los demás transforma nuestras relaciones de una dinámica de «resolución de conflictos» a una de «crecimiento mutuo».
Cómo podemos cultivar estas emociones
El paso de manejar lo negativo a cultivar lo positivo requiere un cambio de intención. No sucede por accidente; es una práctica diaria. Aquí hay tres pilares para comenzar:
- Conciencia de gratitud: No se trata de esperar a que pase algo bueno, sino de entrenar al cerebro para detectar lo que ya funciona. Anotar tres cosas pequeñas al día cambia el enfoque de tu cerebro para focalizar la atención en lo que ya hay y darle valor.
- El Estado de «Flow» (Fluidez): Buscar actividades que nos desafíen y nos apasionen. La absorción total en una tarea genera un tipo de satisfacción profunda que va más allá del placer momentáneo.
- Saborear: Es el arte de prolongar las experiencias positivas. Cuando algo bueno suceda, detente. Respira. Nota cómo se siente en el cuerpo. Al hacerlo, estamos fortaleciendo las vías neuronales del bienestar.
Estas tareas parecen muy difíciles o tediosas al principio. Ante esta idea evalúa dos cosas: si todavía necesitas un poquito más de practica y tiempo para manejar las emociones negativas, y, por otro lado, hazlo fácil, es una cuestión de hábitos. Solamente dedica cuando tengas alguna actividad o momento placentero a tomar conciencia y decirte que lo estás disfrutando, son unos segundos en tu cerebro.
Trabajar las emociones negativas es el paso necesario para encontrar alivio, cultivar las emociones positivas es imprescindible para conectar el bienestar real y para protegernos en el futuro de los embistes de la vida.

