Vivir en el extranjero: algunas claves psicológicas

Muchas personas valoran muy positivamente el marcharse al extranjero a vivir una experiencia nueva, buscarse la vida, encontrar una oportunidad laboral o formativa interesante, etc. Puede ser una experiencia muy atractiva de vivir, y muy positiva para la mayoría de las personas que voluntariamente o por necesidad, viven en el extranjero por un tiempo medianamente largo.

Sin embargo, desde Conecta Psicólogos Online, observamos la creciente demanda de terapia de españoles que viven en el extranjero, y hemos tratado de analizar los posibles síntomas y algunas causas, para que si estás leyendo esto y te sientes identificado, o bien conoces a alguien que lo esté, estés pendiente de los síntomas más frecuentes que a continuación describimos y tomes nota de algunas pautas básicas para que dichos síntomas no aumenten.

Lo que la mayoría de los pacientes nos describen son:

  • Sentimientos de soledad: no siempre es fácil (aunque haya sido tu propia elección) estar solo, en un país con forma de vida diferente, en el que tienes que hacerte un hueco a nivel laboral, a nivel social, en el desarrollo de tus aficiones, etc. En ese proceso, e incluso cuando ya cuentas con una pequeña red social y un trabajo/estudios, puedes tener sentimientos de soledad porque no te socializas tanto como en tu país de origen, ni tanto tiempo, ni las relaciones son al comienzo tan íntimas, ni es una fácil tarea en los casos en los que por ejemplo no se habla en tu idioma nativo, el castellano. Normalmente se pasa, al menos al comienzo, más tiempo solo, y esa soledad no siempre es elegida, si no que es impuesta por las circunstancias. Además tu círculo social íntimo está lejos de ti, y observas que continúan con sus vidas, por lo que la sensación puede ser de “sentirse desterrado”, ya que el mundo que conocías sigue girando a pesar de que tu no estás tan cerca como antes.

 

  • Ansiedad por dificultad de adaptarte al cambio de rutinas, cultura, costumbres, horarios, etc. Son muchos cambios en poco espacio de tiempo, no todos los cambios son esperados, y para adaptarse a ellos se requiere cierta capacidad de improvisación y tolerancia a la incertidumbre, además de confiar en tus propios recursos para resolver problemas. Esa ansiedad puede llegar a convertirse en miedo. En ocasiones podemos llegar a sufrir el trastorno adaptativo, del que hablamos más específicamente en este artículo:     https://conectapsicologosonline.com/trastorno-adaptativo-cuando-los-cambios-nos-desestabilizan/     y en nuestras redes sociales.
  • Sensación de “pérdida de control”, tanto de tus estados internos, como de la organización de tu tiempo o patrones de sueño o alimentación. Es decir, que puedes encontrarte con que en condiciones normales siempre has podido dormir 8h al día, y ahora no seas capaz de dormir más de 5h y en otro horario diferente al habitual, ingieras mucha más cantidad de comida o por el contrario mucho menos, tengas hambre en horarios diferentes a los habituales, o también que tengas la sensación de que no eres tan productivo como de costumbre y te organizas mucho peor el tiempo.

  • Sensación de ser incomprendido en tu lugar de origen: quizá tu entorno comprende como puedes sentirte en el extranjero porque ya lo ha vivido o porque son empáticos, pero muchos pacientes nos describen la sensación de sentirse incomprendidos por parte de su entorno, que no comprende la ansiedad, el estrés, el miedo, la soledad o el sentimiento de “rareza” al estar fuera de su entorno habitual. Esta incomprensión sobre todo se da en los casos en los que el paciente toma la decisión por elección personal de estudiar, trabajar o vivir una larga temporada en otro país. Su entorno puede creer que por el hecho de ser una elección debe sentirse contento y preparado para asumir las consecuencias, pero no siempre es así. Esa sensación de incomprensión puede potenciar el sentimiento de soledad de la persona, que le hace más complicada la adaptación.

 

Algunas recomendaciones generales para hacer frente a estas dificultades, son:

  • Deja de meterte prisa. Comprende tu situación, ten paciencia en la adaptación y evalúa tus mejorías día a día, en vez de focalizarte solamente en el objetivo final: tener muchos amigos, sentirme cómodo con la ciudad y los ritmos, entender todo en mi trabajo, etc. Mejor céntrate en tus mejorías diarias o semanales. Por ejemplo: hoy he sido capaz de aprender 10 palabras nuevas en otro idioma, ya me conozco mi línea de metro, tengo un conocido en el trabajo, etc.

 

  • Favorece la adaptación: hazte pequeñas excursiones por la zona, descubre cada día un lugar nuevo. Favorece también la socialización, aprovechando para hablar más con tus compañeros de trabajo, curso, universidad, etc. o bien comenzando alguna actividad de ocio nueva. Trata de mantener algunas de tus aficiones donde estés: sigue pintando, saliendo a correr, o viendo tus series o programas favoritos. Te aportarán estabilidad y sensación de control y te alejarán de ese sentimiento de “rareza” y de “estar fuera de lugar”.

  • Mantén ciertas rutinas básicas: trata de mantener hábitos saludables de higiene, alimentación y sueño. Se flexible con ellos, pero trata de no trastocar excesivamente estas áreas para mantener cierta estabilidad dentro del gran aluvión de cambios.

 

  • Conecta con tu círculo social y familiar en tu lugar de origen, siempre y cuando no estés con tu mente allí todo el tiempo. Es decir, dedícate tu tiempo para desahogarte y contactar con los tuyos, pero permítete formar un nuevo círculo en tu lugar de residencia.

 

  • Apunta todas las experiencias positivas y agradables que vives cada día. Toma notas de tus aprendizajes, de las anécdotas curiosas, etc. Hará que tu experiencia sea más placentera y le saques mayor jugo.

 

Desde Conecta nuestra recomendación es no dejar pasar estos síntomas, y recurrir a un profesional que realice una adecuada valoración psicológica y te proporcione pautas específicas para tu caso. De ese modo evitarás desarrollar otros síntomas que desemboquen en el trastorno adaptativo.

 

 

 

 

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