APRENDER A MANEJAR CULPA

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APRENDER A MANEJAR CULPA

La culpa es un sistema de alarma interno que surge de la creencia o sensación de haber transgredido las normas éticas personales o sociales, sobre todo cuando la conducta (u omisión de la misma) ha derivado en un daño o malestar a otra. Aunque sea una alarma, en ocasiones, como todas las emociones, puede ser una “falsa alarma”. Por ello debemos reconocer la emoción (la culpa en este caso), y pararnos a recapacitar si es real o no.

Se convierte en falsa alarma cuando entra en funcionamiento el pensamiento distorsionado “DEBERÍA”, o “ETIQUETACIÓN”. Es decir, las personas más propensas a sentir culpabilidad ante las situaciones son aquellas que creen tener un grado de control de las situaciones por encima de la realidad. Experimentan culpa sin darse cuenta de que no tienen tanto control sobre las situaciones.

Por eso es importante saber diferenciar entre responsabilidad y culpa. Somos responsables de nuestros actos, influimos en los demás, pero si nos hacemos responsables de más de lo que nos corresponde en una situación es cuando aparece la culpa. La culpa nos paraliza, nos hace centrarnos solo en lo malo.

Para comprender en que consiste la culpabilidad mórbida, vamos a poner algunos ejemplos:

  • Mi padre se sentirá herido si no voy a visitarlo
  • Mi hijo se sentirá dolido (lo pasará mal) si lo dejo en la guardería
  • Mi interlocutor se sentirá herido si le digo que no a algo que me ha pedido.

Estos ejemplos parten de la idea de que yo tengo la capacidad de hacer feliz o infeliz a alguien con mi conducta. Pero vamos a reflexionar sobre ello. ¿Te ha pasado alguna vez que alguien a quien quieres te intente animar, hacerte feliz y aun así no te sientas del todo feliz o alegre? También a la inversa, tendemos a reprochar y automáticamente a culpabilizar de nuestro malestar al otro, pero ¿te ha pasado que a veces eres consciente que el otro no ha actuado tan mal y aun así te molestan cosas?

Esto es porque no es tanto la situación o las acciones de los demás lo que me hace feliz o infeliz sino lo que yo interpreto de ellas. Y, por tanto, a la inversa, con el otro funciona igual, no es tanto lo que yo hago o dejo de hacer sino como lo interpreta la otra persona. Por eso la conclusión es entender que yo puedo influir en el estado emocional de los demás pero no tengo el poder directo ni la responsabilidad directa de sus emociones. Eso no quiere decir que no me haga responsable de mis decisiones o mis actos, pero de forma mucha más libre si no me responsabilizo de más.

PASOS PARA REDUCIR CULPABILIDAD MÓRBIDA

  1. Identificar el pensamiento distorsionado (siempre es un Debería). En cuanto sienta algo de malestar activa alarma de “DEBERÍA funcionando”.
  2. Distorsión quiere decir pensamiento alejado de la realidad por tanto, no es verídico al 100%, y es temporal, no dura para siempre.
  3. Que distorsión es: DEBERÍA O ETIQUETACIÓN
  4. Ver el nivel de control que tengo sobre ese debería
  5. Buscar otros factores que hacen que eso sucede sin que yo tenga que ver en ello.
  6. Si se trata de un pensamiento o emoción de otro entonces no es responsabilidad mía.

Ejemplo:

  • DEBERÍA HACER TODOS MIS OBJETIVOS, BIEN Y A LA PRIMERA
  • DEBERÍA HACER FELIZ A LOS DEMÁS

1.En cuanto me sienta algo mal, un rumrum, me paro, clasifico mis pensamientos en alguno de esos deberías.

Y cazo la frase concreta. Ejemplos:

“Debería rendir mucho más en mis estudios”

“Debería consolar a mi madre cuando se siente mal”

 

2.Es una distorsión por tanto ¿hasta qué punto debería? ¿Seguro que es responsabilidad mía al 100%?

¿Hay más factores que no son míos como pueden ser sus emociones o pensamientos?

 

3.Aunque lo sienta con fuerza se que es una distorsión y por tanto puedo estar equivocada. No siempre tengo la responsabilidad. Si puedo busco más factores que no tengan que ver conmigo.

Manejar culpa no es fácil, pero con trabajo podemos aprender a liberarnos de la carga que nos bloquea y nos baja la autoestima de la culpa mórbida.

Te asesoramos.

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